
¡De qué modo culpan los mortales a los númenes!
Dicen que las cosas malas les vienen de nosotros,
y son ellos quienes se atraen con sus locuras
infortunios no decretados por el destino.”
Homero, Odisea.
“La historia es una pesadilla de la que intento despertar”.
J. Joyce, Ulises.
Esaúl R. Álvarez
Largometraje basado en la novela de Valentin Rasputin ‘El adiós a Matiora’ (1976)- y firmado por el director ruso Elem Klimov, lo que le convierte en una obra maestra del séptimo arte no es su indiscutible calidad técnica y formal sino su poder de comunicar unos contenidos que podríamos calificar de míticos, con una profundidad y una armonía tal que la obra trasciende la forma cinematográfica y se eleva a un nivel pocas veces visto en la historia del cine. Como otros largometrajes de Klimov -pensemos en ‘Agonía’ (1975) y en ‘Ven y mira’ (1985)-, acercarse a este film supone, como pararse ante cualquier obra de arte auténtico, una experiencia que conmueve y desvela en lo más profundo el alma del espectador.
El mundo moderno y el mundo tradicional como realidades irreconciliables.
El punto de partida argumental es simple: la construcción de una gran presa obliga a desalojar una pequeña aldea campesina sin la menor importancia a ojos del estado. A partir de aquí Klimov nos muestra la tragedia de esa pequeña comunidad rural pero lejos de construir una historia personal o de caer en el sentimentalismo victimista, la historia trasciende la realidad concreta de la pequeña aldea de Matiora para plantear un conflicto de dimensiones históricas e incluso cósmicas: el conflicto entre la sociedad moderna y la sociedad tradicional, las cuales son presentadas por Klimov como enemigos irreconciliables. Un conflicto de connotaciones míticas que recuerda la lucha universal y eterna entre el poder de la Luz y el de las tinieblas.
En esta batalla de alcance cósmico la modernidad es representada por la amenaza inminente de la presa y es figurada simbólicamente a través de una conocida imagen tradicional: una inundación que, al modo del diluvio bíblico, pretende expulsar de la faz de la tierra a su oponente borrando incluso su recuerdo. La amenaza cada vez más próxima de la presa es el telón de fondo de toda la acción del film y sobrevuela como un fantasma por encima de cada diálogo y de cada gesto.
Para mostrar la imposibilidad de entendimiento entre ambos mundos Klimov propone, a través de una estética naturalista y una puesta en escena cuidada y detallista -habitual en la obra de este autor-, una serie de incomprensiones que vienen a señalar la insalvable oposición existente entre ambas formas de vida.
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Children of men. Hijos o niños de los hombres. Título intencionadamente excluyente del género femenino, por algo será, probablemente Alfonso Cuarón así lo quiso, y porque sin duda y sin ánimo de spoiler, el futuro esperanzador de la humanidad tiene nombre de mujer, de niña africana en este caso.
Una película de hace veinte años (2006) que a la vista de hoy apenas tiene nada de ciencia ficción, pues la persecución, encarcelamiento en jaulas, expulsión, maltrato sistemático y muerte de las personas inmigrantes en cualquier parte del mundo, especialmente en la Norteamérica del criminal Trump, superan las imágenes que Cuarón nos muestra en ese Londres xenófobo y violento de 2027.
Hay tanto que decir y mucho que reflexionar ante esta cinta que nos interpela en cada una de las secuencias; desde la cínica, descreída y resignada posición del ex militante revolucionario que encarna Clive Owen, ¿qué harías tú en su situación?, pasando por el ejemplar y magnífico personaje Jasper, que encarna Michael Caine y cuya presencia y acciones me parecen esenciales para entender el discurso de Cuarón en este filme, pues estoy en total desacuerdo con lo que nos comenta el filósofo Zizek que menosprecia y se burla de este viejo hippy cuando lo que yo veo es un hombre íntegro que ha conseguido construir su Arcadia feliz a salvo del violento y criminal mundo exterior, que cuida de su mujer y de quienes requieren auxilio, que cultiva un huerto, con marihuana, si, con la que comercia y consigue salvar vidas. Por lo tanto nada de ingenuo e inútil personaje. Y me parece un acierto emotivo y vibrante, utilizar las canciones de los Rolling (Ruby Tuesday) y el guiño a los Beatles con la marihuana de sabor a fresa strawberry. (Strawberry filds forever). Ambas canciones nos hablan de una evasión vigorosa y consciente, cerrar los ojos para no ver el mal que nos rodea, pero a la vez mantenerlos abiertos para defendernos.
En mi opinión Cuarón localiza la acción del film en Londres como una suerte de justicia poética; quiere que veamos la capital de lo que fue un Gran Imperio, devastada, bombardeada, corroída por la miseria moral y la corrupción. Esa Gran Bretaña que secularmente ha ejercido el dominio absoluto y violento sobre “sus colonias”, apoderándose de los bienes y las riquezas ajenas, saqueando y esclavizando a sus habitantes, robando bienes culturales (magistral la escena del mega rico coleccionista de arte), condecorando caballero a un pirata como Francis Drake, por poner un ejemplo. Pues bien, Londres en 2027 prueba su propia medicina convirtiéndose en una ciudad sin ley, amenazada y destruida por saqueadores de todo pelaje, los mismos musulmanes o pakistaníes a quienes Gran Bretaña sometió en un reciente pasado, tienen ahora en sus manos la “justa” venganza.
Y en lo que se refiere a la metáfora final, el barco “Tomorrow” (“Mañana) tampoco estoy de acuerdo con Zizek cuando habla del desarraigo, de presentar ese barco flotante y viajero como una imagen opuesta a la tierra firme con sus raíces. En absoluto. La imagen del navío, sobre todo en nuestra cultura mediterránea, viene a hablarnos de futuro, de intercambio, de comercio, de conocimiento de otras culturas y otras lenguas. Miles de años de viajes fluviales y marítimos para en ocasiones encontrar otra tierra donde enraizarnos, pero también para regresar a nuestra patria chica. En absoluto es una metáfora del desarraigo sino, más bien al contrario de búsqueda de tierra firme, o de otro mundo mejor que sea posible.
carmen
Alterar el equilibrio.
Lo dice el más anciano de la localidad, en la reunión donde esa empresa promotora del glamping trata de persuadir a los asistentes contando las bondades que traerá a la población el desarrollo de esa activida . Pero esa operación urbanística va a romper y desequilibrar la vida que llevan en paz y armonía con la naturaleza desde hace mucho tiempo, y así lo advierte el anciano señor Suruga.
Sin embargo la empresa quiere aprovechar las subvenciones vigentes y no tiene tiempo para considerar las alternativas que los vecinos proponen en cuanto a los vertidos, la canalización, la invasión de espacios protegidos, etc.
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SOBRE LA PELI: “ À NOUS LA LIBERTÉ” (Viva la Libertad)
Ante todo, “A o Para nosotros la libertad”, título original en francés, no es “Viva la libertad”. Aquella comporta un Nosotros que nos compromete colectivamente con ella, y el Viva la libertad, es un slogan perfectamente individualista, donde se esconde, se enmascara, las condiciones, de la o para la libertad. No es poca cosa. Tenemos ejemplos de esta época neoliberal, hoy, en el mundo y en España, de esa dicotomía. En la Comunidad autónoma de Madrid, con mucha constancia y perseverancia se discursea, sin discernir esa antinomia.
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La última y esperadísima película de Jean Pierre Jeunet no decepciona, pero no es una obra maestra. No es que Amelié lo fuera, pero se quedaba mas cerca de la perfección; su sombra es larga, y es posible que haya malentendidos. Es mejor verla con el chip adecuado y disfrutar de ella como el tremendo dramón que es, con ciertos toques extravagantes que son, sin lugar a dudas, lo peor de la película. Porque Jeunet no se aclara durante la primera hora, y casi lo echa a perder todo.
Porque a ver: en plena I Guerra Mundial cinco soldados franceses son sometidos a un consejo de guerra y condenados a una feliz estancia entre las líneas francesa y alemana, en tierra de nadie. Si no los hacen pedazos los bombardeos germanos, el fuego amigo lo hará. Uno de ellos es Manech (Gaspard Ulliel) el novio de Mathilde (Audrey Tautou, gracias a Dios más contenida que en Amélie), una joven coja que, convencida de que su amor sigue con vida moverá cielo y tierra para refutar los numerosos informes que afirman lo contrario. Y esto gracioso no es.

Los condenados, preparándose para su destino.
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